Y todo
lo sembrado ahora es un pantano seco, el aire se ondula formando navajas que
acuchillan tu garganta. Todo cuanto fuimos cae en el pozo del hastío, hastío de
tu ausencia y esos ojos verdes que al mirar reflejaban mi alma. Te asemejas a
un recuerdo llorado, al ojo de la tormenta, una pelota sin niño, una risa para
tapar el llanto. Y no te veo aunque te mire y no me oyes aunque te hable al
oído. Todo es lejano, se abraza el vaho.
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