"Y estas calles rotas sin mí, se hacen al vacío."

viernes, 3 de julio de 2015

Silvio

Silvio es el sudor de mis manos, mis ojos ciegos, mi alma despedazada y confusa, mis gritos ahogados cuando golpeo la pared y suspiro sin dejar ver las lágrimas.

Silvio es el peor de mis epílogos, el más bello y sombrío de los finales, la prueba de que hubo fracasos, las heridas antes de nacer, el hambre, el orgasmo, el dolor.

Silvio es el réquiem de luz roja, el arte desde el estómago, el puño en la llaga, las cicatrices que no llegan a cicatrizar, los susurros que dicen “¿Cuándo?” y yo digo “¡Ahora!”.

Silvio es mi abstracción, mi deformidad, mi espejo, mi letra, mi código, la tonalidad menor. Mi necesidad de salir, mi prisión sin barrotes, mi cárcel en la nada, el vacío.

Silvio es mi torpeza, mi espalda rota, los condicionales desesperados, el temblor, mi contra-objetivo, mi caos, mi locura. Mi negación, mi atadura, mi mirada perdida.

Silvio es mi ausencia de palabras, el más chirriante de mis silencios, el peor día, el peor beso, el verso sin final. Mi primera calada, mi trastorno, mi complejo, la falta de memoria.

Silvio es y no será jamás.

jueves, 16 de abril de 2015

Bittersweet

Hoy sería tan sencillo desnudarte que no me molestaré en hacerlo. Beberé mi cerveza en silencio, el único sonido que saldrá de mi boca, lo provocarán tus labios al besarme, tus dientes al intentar arrastrarme a tus entrañas. Observaré tu forma de observarme y cuando vengas a besarme por vigésima vez, me apartaré lentamente, carcajeándome de lo absurdo y bonito que es querernos, de lo extrañadas y confusas que se encuentran mis manos cuando no se funden con tu cuerpo. Hoy sería el día perfecto para no follar contigo, hoy me quedaría a tu lado mientras acaricio tu cuerpo desnudo y te hablo del frío que siento cuando te vistes, Tú, que me haces callar con sólo mirarme, te muestras interesada en mis palabras. Me escuchas y tiemblo.

viernes, 20 de febrero de 2015

Ian.

A veces pasa que cuando él se acerca, el aire se ondula, las espinas eternas de la melancolía se deslizan sorteando nuestros miedos y disfrazadas de mariposas, una por una pasan de su corazón roto al mío. 
Ian, cuántas veces te gritaría en silencio, con la mandíbula apretada y los puños cerrados, basta.
Basta de arrancarme el corazón con tus palabras, cesa ya en tus intentos de ser mi ángel oscuro.
Ian, parecemos dos imposibles destinados a romperse el uno al otro, a quererse sin remedio, a protegernos de nosotros mismos, a compartir secretos. 
Ian, mi pequeño, el eterno niño, mi rabia contenido saliendo a gritos atropellados por tu boca, el miedo y la necesidad de encontrarte mirándome para una vez más, llorar escondida en tu cuerpo. 
Ian, quién no ha visto en tus ojos explotar el universo, la mar expandirse y desaparecer, la tierra quebrar, la vida ardiendo en ruinas y la lluvia cubriendo tus noches.
Ian, el niño que divaga por las calles, asustado, inocente, hambriento de nuevas emociones, temeroso y valiente. Pequeño insensato, te forman impulsos que sigues a ciegas y te vas chocando con todas las barreras de este mundo. Y lloras, ríes, te descompones, tus miembros se pegan a la tierra, te entierras creyéndote muerto.
Ian, en una lágrima tuya se entremezclan la euforia y el hastío, eres el hermoso caos que acaricio al hundir mi mano en tu pelo, tus rizos de querubín, tu piel ardiendo, tus ojos melosos y nostálgicos, tu corazón maleable. Las palabras punzantes que nos rompen, a ti, a mí y a todos. Nos destrozas y nos sanas en tu abrazo.
Ian, mi necesidad de ti y el temor que te tengo. 
Ian, el reino de los corazones se hace tuyo en cuanto empiezas a soñar.
Y poco a poco, te vas quedando dormido entre mis brazos.