"Y estas calles rotas sin mí, se hacen al vacío."

lunes, 22 de julio de 2013

A Marta Langa.

Se escucha el piano de fondo, son esas tardes de café y sonrisas mientras ella escribe con su pluma. Tiene la mirada perdida, recuerda su infancia mientras da otro sorbo al café.
Siempre joven por muchos años que pasen, siempre valiente y resolutiva y tantas lágrimas de fuerza que cayeron por sus ojos de otoño.
El piano enternece su melodía. Piensa en su marido y en sus hijas, sus tres preciosas hijas y lo orgullosa que se siente de ellas, ya convertidas en adultas y en grandes mujeres que tienen su vida y un precioso camino que ella ha ido forjando para ellas.
Mira el mar, su mar de paseos y alegres mañanas, tardes melancólicas y fotografías que alumbran el recuerdo.
Siempre hermosa y sonriente, siempre artista y constante y tantas carcajadas con las que embellecer los días.
Las notas fluyen por el piano y se enredan entre sus manos y juegan a estremecer su piel, la acarician con ternura.
 El mundo se enorgullece de ella.
Y son tardes de café para Marta, de poesía por las calles de Gijón. De mar, sol y lluvia. De su piel morena y sonrisa dulce, pensamiento alegre.
Y el mundo es de Marta y ella pinta un cuadro cada día en sus palabras para él.


martes, 16 de julio de 2013

babas al tintero


Me tengo que poner guantes para escribirte, para que tu calor no sea sólo sudor sobre mi piel cuando te balanceas por mi cuerpo y ese aroma a fuego no se espante cuando las palabras ya no existan en tus labios y te quedes muda y no me mires, cuando haya aprendido a acariciar guantes y no tu piel que raspa de dulzura.
Esas despedidas  no me dañan cuando no te has dignado a besarme al entrar, estas palabras no son para ti, son para ellos y más que nada y sobre todo estas palabras son para ti. Para que las mires frustrada y no puedas entender nada, para que me pienses desquiciada y busques y rebusques dentro de ti dónde yo pueda encontrarme. Entonces mi nombre se te desborde por los muebles de tus huesos donde guardas tus miedos y tus furias, tus deseos presos de culpa.
Entonces en un despiste de tu miedo me digas “aquí estoy” y hayan pasado mil horas.
La tostadora salte y el desayuno esté listo. Y qué pena que llegues justo para la cena. Este día sin ti ha sido un cuadro de calaveras, de cadáveres exquisitos, de amarga retórica.
Me quitaré los guantes ahora que termino de escribirte.

Los recuerdos enamoran.

"Brindo por los años pasados, por el que tuve tu presente, porque embellezcas mi pasado y tal vez te reencuentre en un futuro. Porque en el presente no existes y no existe sin tu pasado. Porque sigas siendo y lo seas lejos de mí. Porque si vuelves seas tú de nuevo y no la sombra fea de quien conozco. Por ti, por mí. Por ninguna y las dos."


Me gusta que me abraces y sea tan perfecto y suave, que lleve erotismo escondido a la vista y una inocencia en mis manos puestas en tu espalda, un te quiero por todo tu cuerpo y ese beso en la mejilla que creas al final.
Me gusta tu mirada asustada y fascinada cuando mis palabras se hacen auténtica poesía al estar tú cerca, el decorado de la calle cuando estoy contigo.
La lluvia romántica, el sol de madrugada…
Y suenan guitarras y pianos y tú y yo pertenecemos a los 70 y nuestras ropas se burlan de seguir puestas y que nunca nos hayamos desnudado más allá de la mirada.
Me gusta que nos mintamos con la voz pero nunca con los ojos, que me excite discutir contigo, que el veneno se haya ido y que tú ya no seas mi dolor, que estés cerca y lejos, ser la dueña de tus mejores historias, el secreto peor guardado.
Me gusta tu cuello, que nos miren escandalizados, morbosos, envidiosos y que tengan razones para ello.
Me gusta que nuestras miradas sean un caos intenso, tan seguro de retar y responder, sin miedo a esa pequeña gota de veneno, ese paseo por el lado salvaje y todas las canciones que son nuestras.
Yo, tu Sputnik. Tú, mi amor. Yo, tu ángel. Tú, mi delito.

Me gusta que no pueda haber más y que no podamos ser menos, que seamos las lágrimas en el paraíso del mejor guitarrista.






martes, 9 de julio de 2013

a mi Musa de Amor.


Lejos. Lejos. Cerca, con urgencia que no puedo más con la añoranza. Qué simpleza adorna mis días vacíos de su aroma, de su pecho de estrella. Se ha ido. ¿Pensará en mí? Camino mirando el suelo, escuchando algo de jazz. Qué desperdicio de días sin ella. Vuelve a mí estrella. Miro el mar sin olas. tiene una falsa calma, es un mar de aluminio, no suena su brisa, no se respira la humedad, no luce el elemento. Y ella no está conmigo.
 Todo se reduce a comas y puntos. Todo es estático y frío. Sin ella todo pertenece a la nada. Y sigo caminando, arrastro la melancolía cual perro viejo. Algo dentro de mí despierta. Te veo. no, perdón. Te sueño porque no es real tanta belleza que ven mis ojos. ¿Eres tú la que se acerca a lo lejos? Son tus andares, es tu mirada perdida, es tu aroma y mi sonrisa que aparece al verte. Me acerco, ya tiemblo y eso es buena señal, si fuera otra no temblaría.
Se acerca a mí y me mira. Dios mío me ahogo. Parece dudosa pero no puedo soportarlo, soy arrastrada hacia sus brazos, pertenezco a sus besos. Nos abrazamos con fuerza, noto su corazón golpear contra mi pecho, beso su cuello, sus mejillas, su frente. Si no la amo ahora no le he amado nunca. Y la amo, con la mayor intensidad. Ella se ruboriza y sonríe, le encantan mis besos. Tengo sus labios rogando que los bese a un centímetro de mi boca. Qué perfecta tortura el roce de sus labios, crea un dolor de museo, digno de exhibir y ser reconocido en una galería de besos.
 Me besa y me fallan las piernas, mis manos temblorosas buscan su pecho, la conozco lo suficiente como para saber que aunque lo niegue, le encanta que acaricie su cuerpo, que busque colarme entre su ropa mientras nuestros labios se mezclan, y la saliva es una sola, las lenguas interpretan un romance y hay gemidos y mordiscos. ¡Cuánto deseo ansiando ser libre! Me muerde la oreja, el cuello...gemidos que van y vienen, besos que caen por todas partes, caricias que buscan asegurar que es real, que somos nosotras, la una en los brazos de la otra. Y otra vez se me escapa decirle que la amo y al hacerlo siento mi corazón retorcerse y escupir la sangre que ya no sabe a donde va. Me quemo en su piel, ella no dice nada...me desespero por oír su voz. Quiero que me hable, que me mire. ¿Sentirá lo mismo que yo? ¿Seré yo su amor? Escapamos hacia un lugar más íntimo. Ella me susurra al oído que me quiere...muero, muero por todo. Yo susurro su nombre mientras me cuelo entre sus piernas. Ella coge aire, me excita verle así y procurando no hacerle daño voy metiendo mis dedos en su vagina, entro en ella y no existe nada mejor que hacérselo, nada se compara a su aliento en mi cuello, su cuerpo retorciéndose y yo notando en mi mano el calor de su entrepierna, el placer de acariciar sus genitales.

 La amo, ella no sospecha hasta que punto. Ella no conoce ese amor. Sólo espero que si me deja algún día, no me olvide. No olvide este amor que juntó nuestros destinos. Que hizo mares con nuestras lágrimas, tormentas con las peleas y el arco-iris con los besos. Que no hubo nada más sincero que nuestros besos a oscuras y los cuerpos temblando. Que nunca se apague la estrella.

martes, 2 de julio de 2013

Podría...

Podría olvidarte una mañana
asquearme de tu aroma a gloria.

Podría olvidar tus labios
en un viejo estante.

Y dejar que se sequen sin mis besos.
No habría remordimiento.

Jugaría al ahorcado con tus demonios.
Me burlaría de tus ropas
cuando sea otra quien te las quite.

Podría decirte "Adiós, hasta nunca"
y envenenar mi mirada con tus lágrimas.

Podría esto y mucho menos.
Podría esto y nada.
Podría de todo jamás

Fragmento de un relato

Sus orgasmos eran la mejor música, todo tenía un ritmo frenético, un compás binario, el suyo y el mío como una marcha que se mantenía en la misma velocidad. Su cuerpo eran las teclas de un piano y yo la virtuosa que sabía qué hacer en cada momento, tenía la mejor composición entre mis dedos. Las notas perfectas buscaban un final para una pieza culminante y con un redoble de mi lengua y su gemido final abandoné ese tesoro entre sus piernas y subí a besar su boca, a abrazarme a ella y dejar que ella me abrazase mientras su cuerpo aún se retorcía y golpeaba contra el mío. Le susurré cuánto la quería al oído y la apoyé contra mi pecho. Pensé en mi risa que había interrumpido su sueño.

lunes, 1 de julio de 2013

Y sucede...

Y sucede que tus labios
encuentran los míos.
Que la oscuridad más plena
tiene luz entre tus piernas.
Que tienes tacto de espuma.
Que llueven pétalos sobre mis dedos
mientras me adentro en ti.

Que el "te quiero"
se ahoga en el silencio del "te amo."