"Y estas calles rotas sin mí, se hacen al vacío."
martes, 2 de julio de 2013
Fragmento de un relato
Sus orgasmos eran la mejor música, todo tenía un ritmo frenético, un compás binario, el suyo y el mío como una marcha que se mantenía en la misma velocidad. Su cuerpo eran las teclas de un piano y yo la virtuosa que sabía qué hacer en cada momento, tenía la mejor composición entre mis dedos. Las notas perfectas buscaban un final para una pieza culminante y con un redoble de mi lengua y su gemido final abandoné ese tesoro entre sus piernas y subí a besar su boca, a abrazarme a ella y dejar que ella me abrazase mientras su cuerpo aún se retorcía y golpeaba contra el mío. Le susurré cuánto la quería al oído y la apoyé contra mi pecho. Pensé en mi risa que había interrumpido su sueño.
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