Me gusta que me abraces y sea tan perfecto y suave, que
lleve erotismo escondido a la vista y una inocencia en mis manos puestas en tu
espalda, un te quiero por todo tu cuerpo y ese beso en la mejilla que creas al
final.
Me gusta tu mirada asustada y fascinada cuando mis palabras
se hacen auténtica poesía al estar tú cerca, el decorado de la calle cuando
estoy contigo.
La lluvia romántica, el sol de madrugada…
Y suenan guitarras y pianos y tú y yo pertenecemos a los 70
y nuestras ropas se burlan de seguir puestas y que nunca nos hayamos desnudado
más allá de la mirada.
Me gusta que nos mintamos con la voz pero nunca con los
ojos, que me excite discutir contigo, que el veneno se haya ido y que tú ya no
seas mi dolor, que estés cerca y lejos, ser la dueña de tus mejores historias,
el secreto peor guardado.
Me gusta tu cuello, que nos miren escandalizados, morbosos,
envidiosos y que tengan razones para ello.
Me gusta que nuestras miradas sean un caos intenso, tan
seguro de retar y responder, sin miedo a esa pequeña gota de veneno, ese paseo
por el lado salvaje y todas las canciones que son nuestras.
Yo, tu Sputnik. Tú, mi amor. Yo, tu ángel. Tú, mi delito.
Me gusta que no pueda haber más y que no podamos ser menos,
que seamos las lágrimas en el paraíso del mejor guitarrista.
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