Los pensamientos se sucedían unos a otros.
De la A a la Z yo seguía siendo un minúsculo
pedacito de nada en mi reducido espacio
para provocar mini reacciones de nada.
Las noches de insomnio las decoraba
con cigarrillos y cuentos al piano.
Siempre fui mediocre, nunca me importó.
Me excusaba en la falta de sueño.
Aún cuando despierto
puedo oír a las musas
reírse de mí
dando saltos por la cama.
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