"Y estas calles rotas sin mí, se hacen al vacío."

jueves, 20 de marzo de 2014

ARLYN

Me pregunta por qué he venido. Qué extraño, yo debería tener la respuesta. Pero ciertamente no la tengo, no tengo nada, mas que mis palabras hambrientas, mis manos nerviosas, mi yo dando tumbos por la sala, la gota de sudor que se precipita por mi nuca y recorre el interior de mi camisa, mis recuerdos…a decir verdad, aún tengo mis recuerdos y por todo aquel que me conoce es bien sabido que mis memorias tienen un gran valor. Pero...¿me conoce alguien?

Él suspira. Lo sé, estoy tardando demasiado en empezar a hablar, pero cómo explicar… tal es mi obsesión.
Carraspea, nos miramos. Sus ojos son azules, nunca me han gustado los ojos azules, son hermosos pero me hacen desconfiar y el hecho de que mi loquero tenga los ojos azules no me lo pone fácil.
-La echo de menos ¿sabe usted?- Parece asombrado por mi repentina verbalización.

-¿A quién?-Será posible- A ella, Doctor. ¿A quién sino?

Menudo idiota el hombre este, no debí venir. Me mira de arriba abajo, me está alterando más si cabe. Este tipo no termina de gustarme pero no tengo opción. Las noches de insomnio, las búsquedas entre las calles, los lugares que visito a diario, mi rutina despedazada por su ausencia.
Todo tiene que acabarse, o todo acabará conmigo.

-Doctor ¿Cuánto tiempo queda?-  Lo diré, de todos modos este hombre me conoce. Yo a él apenas pero estoy por jurar que él sabe de sobra quién soy y cuál es mi historia, al menos, sé que desea oírla.

-Todo el que necesite, pero cuanto antes empiece más fácil para ambos- Y sonríe, como si fuera divertido.

   -  Arlyn tiene los ojos verdes, bueno, a veces son marrones pero sólo cuando se enfada. También cambian, cuando está triste se vuelven azules. Ella siempre dice que es porque la   melancolía es azul. Me decía que cerrara los ojos y pensara en la palabra “melancolía” que vería las letras azules. Y es cierto ¿sabe usted? Pruebe, hágalo.  La melancolía es azul como sus ojos tristes…

Arlyn también dibuja y lo hace muy bien, pero no deja que nadie vea sus dibujos, dice que no son lo suficientemente buenos. Tonterías a mi parecer. A veces, para que se rabiara le cogía su carpeta de dibujos y me quedaba el que más me gustase, aún tengo la habitación llena de sus pinturas, huelen a ella…en verdad no, huelen a pintura pero a mí me gusta pensar que huelen a ella ¿Sabe usted? El olor se le quedaba impregnado en la piel y de su piel pasaba a mi cama. Aquellos sí que eran dulces sueños. Creo que me enamoré de ella, pero nunca se lo dije. De todos modos, seguro que ella estuvo enamorada de mí. Nunca lo hablamos, no hizo falta. Nadie la conocía tan bien como yo, sobre todo si estábamos a solas y se desvestía la vergüenza y el enredo. Arlyn no es una chica cualquiera, todo en ella roza el límite, todo es demasiado y nada es suficiente y nadie resiste a su belleza. Arlyn hacía del silencio la mejor melodía.
Su silencio eran nuestros labios y nuestras lenguas en un tira y afloja, un tango de rétame a suspirar primero. Y…

-Y..¿Y qué?-Me mira con curiosidad, hace calor y las paredes se derriten desde mis pupilas. Él me ofrece agua, la bebo atragantándome.

-No sé, realmente no sé nada. Creo que todo está en mi cabeza ¿Sabe usted? Pero no, usted no lo puede saber, nunca la ha visto. No sabe lo que es verla caminar, acercarse con sus pasos ligeros como si volara, su mirada al encontrarse con la mía, esa enorme sonrisa y ese abrazo aliento de la vida, respirar su perfume y que se me erice la piel, que me hable de Frida Kahlo y Diego Rivera y nos retrate de mil maneras soñadas y mil vividas. Que me tome de la mano para pasear por la playa. Desearla un lunes y repelerla el viernes. Que un sábado sin ella era un paraíso y el domingo en su ausencia el infierno. Y las discusiones terminadas en lágrimas dejaban mi corazón en banca rota.

 Es una enfermedad que empieza en la euforia y acaba devorándote los huesos.  A Arlyn no le gustaba verme fumar, pero en cambio le encantaba el sabor a cerveza de mis labios. A  mí me encantaba ella,  me hacía sentir como si yo fuera lo más fascinante del mundo. Se enamoraba de mis andares, de mis palabras saciadas por mi voz, de mi pelo revuelto y las camisas mal abrochadas. Me miraba con esos enormes luceros verdes y me hacía promesas imposibles entre callejones y gatos noctámbulos.

-Todo eso está muy bien, pero ¿Dónde está ella ahora?- Su pregunta me entierra en el abismo, ¿Dónde está Arlyn? ¿Acaso sé dónde está Arlyn?

-Doctor ¿es el tiempo quien responde a nuestras preguntas o nosotros respondemos al tiempo? Crecimos Doctor, los años se llevaron a Arlyn, las calles nuevas de la ciudad ajenas a nuestros besos, la tierra que cavamos para esconder nuestros recuerdos eternos tiene ahora un edificio,  las peleas en las avenidas , ella aporreando pianos y yo rasgando guitarras. Ni un triste violín guarda el eco de nuestra mejor orquesta.

-¿La ha vuelto a ver?- Parece conmovido, ¿acaso no rozo ya el patetismo?

-Todos los días Doctor. Pero con otra piel, otra luz en sus ojos y diferente aroma. Ya no es ligero su vuelo al andar, se ve que los años pesan y cambiamos de lenguas para hablarnos. Ella fue y ya no es. Y yo ya no soy en ella.

-¿Cambiaría algo?- Al principio no entendí esa pregunta.

-¿Cambiar, Doctor? No, nada. Ni una caricia, ni una lágrima. Ni que ella creciera y yo no. ¿Quién quiere la vida sin poder morir en ella? Yo no desde luego. Ella es mi preludio y la amaré hasta el epílogo.

Nos quedamos en silencio ambos, pensativos. Sé que en algún momento ella se acordará de mí, tal vez en este instante. Mientras pasea por el puerto o entra en una tienda de música. Tuvimos la eternidad en segundos. Me giro a mirar por la ventana, el cielo naranja muestra la ciudad atardeciendo. Hace un bonito día para pasear en bici. Desde aquí puedo ver la plaza en la que ella y yo solíamos robarnos el aliento.  Pero ya no está conmigo, desde la calle contigua ella ahora besa otros labios.

Sí, Arlyn besa otros labios y yo sonrío. 

sábado, 8 de marzo de 2014

gatos y cerezas.

Os voy a contar una historia, la historia de cómo una vez tuve a alguien. Ese alguien vivía en mis manos, bebía de mis lenguas y despertaba con mis suspiros. Las tardes las pasaba dando sorbos al café y recorriendo con sus dedos mi espalda, marcando cada imperfección con sus yemas. Las fijaba, las memorizaba y con una mueca de sus labios taladrando una sonrisa, las hacía hermosas. Cada imperfección mía, era el clímax de su arte.

Ella vivió en mí por un año sin separarse, no recuerdo ver llover ni anochecer ni una sola vez hasta que me dejó.  Si alguien se hubiera acercado preguntando la hora, mi respuesta habría sido “La hora más hermosa del día.” Lo diría desde sus ojos mirándome.  Tan pequeña, pequeña y frágil, como un hada albergando una única emoción.

Cuando ella vivía en mí  bebíamos cerveza y no nos valía cualquiera, hacía calor todos los días y mi aliento se llevaba mi carne hasta quedarme reducida a ella. Hubo música todos los días. Aporreábamos pianos y guitarras y yo siempre iba manchada de verdín.

La luna temblaba en el agua, pero para qué mirarla si ella vivía en mí.

Cuando ella vivía en mí las cerezas las tomábamos en la piel de la otra  y yo me hacía pequeña y ella cada vez más grande. Se sentaba en mi regazo y se enfadaba conmigo.  Pero bastaba con acercarme a su cuello y besar hasta que se fundieran los suspiros y jadeos y no hubiera añoranza que matara con su rudo sílex negro.


Cuando ella vivía en mí  yo tenía los ojos verdes y era amiga de todos los gatos.


martes, 4 de marzo de 2014

Ojos verdes.



Que no estás cuando se asoman los ojos verdes.
Y los luceros de la noche
emergen de tus caricias negadas,
amarradas a un sin fin de eternos suspiros
en sus labios de avellana y azúcar.

Y entre preguntas contestadas
en miradas cristalinas
dije su nombre y nadie entendió nada.
Tan sólo un vacío, algo torpe 
y sin medida anclado al primer beso.

Una caricia y una flor.
Un maremoto a media noche
cuando la luna se funde con las olas
y nacen sinsentidos de esos orgasmos
que desean oír mi nombre.

Y si no estás, no nazco.
Y si no respondes a mi abrazo,
esta burla del arte jamás ha existido.
Son las cuatro de la mañana
y te estoy pensando.

Pronto el mar
 recorrerá las calles
amaneciendo antes
que tú y que yo.
Y aquí te estoy pensando.

Ojos verdes, no te detengas.
No me pares cuando voy a ti
sin remedio.