"Y estas calles rotas sin mí, se hacen al vacío."

sábado, 8 de marzo de 2014

gatos y cerezas.

Os voy a contar una historia, la historia de cómo una vez tuve a alguien. Ese alguien vivía en mis manos, bebía de mis lenguas y despertaba con mis suspiros. Las tardes las pasaba dando sorbos al café y recorriendo con sus dedos mi espalda, marcando cada imperfección con sus yemas. Las fijaba, las memorizaba y con una mueca de sus labios taladrando una sonrisa, las hacía hermosas. Cada imperfección mía, era el clímax de su arte.

Ella vivió en mí por un año sin separarse, no recuerdo ver llover ni anochecer ni una sola vez hasta que me dejó.  Si alguien se hubiera acercado preguntando la hora, mi respuesta habría sido “La hora más hermosa del día.” Lo diría desde sus ojos mirándome.  Tan pequeña, pequeña y frágil, como un hada albergando una única emoción.

Cuando ella vivía en mí  bebíamos cerveza y no nos valía cualquiera, hacía calor todos los días y mi aliento se llevaba mi carne hasta quedarme reducida a ella. Hubo música todos los días. Aporreábamos pianos y guitarras y yo siempre iba manchada de verdín.

La luna temblaba en el agua, pero para qué mirarla si ella vivía en mí.

Cuando ella vivía en mí las cerezas las tomábamos en la piel de la otra  y yo me hacía pequeña y ella cada vez más grande. Se sentaba en mi regazo y se enfadaba conmigo.  Pero bastaba con acercarme a su cuello y besar hasta que se fundieran los suspiros y jadeos y no hubiera añoranza que matara con su rudo sílex negro.


Cuando ella vivía en mí  yo tenía los ojos verdes y era amiga de todos los gatos.


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