Me tengo que poner guantes para escribirte, para que tu calor no sea sólo sudor sobre mi piel cuando te balanceas por mi cuerpo y ese aroma a fuego no se espante cuando las palabras ya no existan en tus labios y te quedes muda y no me mires, cuando haya aprendido a acariciar guantes y no tu piel que raspa de dulzura.
Esas despedidas
no me dañan cuando no te has dignado a besarme al entrar, estas palabras
no son para ti, son para ellos y más que nada y sobre todo estas palabras son
para ti. Para que las mires frustrada y no puedas entender nada, para que me
pienses desquiciada y busques y rebusques dentro de ti dónde yo pueda
encontrarme. Entonces mi nombre se te desborde por los muebles de tus huesos
donde guardas tus miedos y tus furias, tus deseos presos de culpa.
Entonces en un despiste de tu miedo me digas “aquí
estoy” y hayan pasado mil horas.
La tostadora salte y el desayuno esté listo. Y qué
pena que llegues justo para la cena. Este día sin ti ha sido un cuadro de
calaveras, de cadáveres exquisitos, de amarga retórica.
Me quitaré los guantes ahora que termino de
escribirte.
Me he enamorado.
ResponderEliminar