"Y estas calles rotas sin mí, se hacen al vacío."

viernes, 21 de junio de 2013

He.

Me atrapó,
 como se atrapa al viento.
 Con la elegancia de un cigarrillo en blanco y negro. 

Me borró,
de sus tinieblas, de sus sueños.
dejó su retrato en el muro
se marchó con mi disfraz
se manchó con mis besos.

Me besó,
con su lengua de hierba
y mis labios de cerveza.

miércoles, 19 de junio de 2013

Rizos.

Sal, no, espera, no te vayas. ¿pero de dónde has salido? Puedes saltarte la parte morbosa…
Apareces, así sin más, te adueñas de mis pensamientos, drogas mi cuerpo, calmas mi sed de tus palabras y me regalas tu voz. Juega tu mirada con la mía que detiene el tiempo en un espasmo de tus manos en mi cintura, te resbalas de mis besos. No te marches, que me rompo sin ti. Eres horrible, te odio, sal, fuera, vete, parásito de mi cabeza sanguijuela del corazón, me quitas el dolor, la cordura, eres mi sobredosis de fantasía, de colores en el fuego de una bombilla sin luz. Un grito de caída en un pozo sin retorno…pum pum pum, ay! ¿Así de fuertes son tus caricias? Qué horror, me agotas, por tu culpa no duermo, haces que mis sueños vuelen y cuando me voy a acostar no los encuentro en la almohada, les has dado unas alas tan grandes que se han pasado de cielo y ya no regresan a mí. Pues si los quieres, son tuyos, a cambio sólo quiero un reflejo de tu piel por las mañanas.


Duerme sonrisa dulce, que yo acamparé sobre tu lengua.

Entonces.

Entonces es cuando las caricias
se hacen besos
y los besos caen por el cuerpo
y el cuerpo se desnuda
ante los versos
y estos versos de mis labios
 juegan
a hacerte el amor.

Tiene ojos de Sol

En otro tiempo hubiera sonado alguna canción del viejo espantapájaros pero en esta tarde con ella los besos sólo podrían ser de fresa, así que el pianista borracho no podrá herirme con sus bagatelas,
Llevamos largo rato mirándonos a los ojos sin decir nada. Le pido que cierre los ojos y ella lo hace.
Me acerco y deslizo mis dedos por su mentón, su piel es suave, puedo arrastrar su aroma en cada caricia. Me dejo envolver por su perfume hasta caer despistada en sus labios. Ella sonríe, yo beso su sonrisa.
Las mariposas muertas de mis entrañas parecen renacer y volar entre nuestros labios.
Me aparto poco a poco y ella abre los ojos, me mira, siempre me mira después de besarla, es mi castigo sostener la mirada por mi atrevimiento. Es dulce la tortura, tiene ojos de Sol. La ciudad atardece en su mirada, cuando caiga la noche la besaré de nuevo y ella se irá. Me tragaré las mariposas moribundas.

Hoy te amo desde el estómago

Hoy te amo desde el estómago
siento que te quiero en lo mundano
en el arrebato de ira y la fuerza
que me descontrola cuando no estás
y me someto al llanto.

El grito roto en semicadencia
y te amo en disonancia.
Mi amor es mortal y existe en la muerte.
Tengo tu frialdad golpeando
desde el suburbio de mi alma.

Te devoro en el eco de las palabras
hermosas que callaste en tus labios
y ellas solas se deshacían en mi boca.
Hoy si me besaras,
la cerveza estaría caliente.

Me hiciste.

Y volvamos a un día
uno en el que tú me amaste,
me sedujiste,
me llenaste de tu boca
y derretiste tu mirada por todo mi cuerpo.

Besabas como espuma y cerveza
me buscabas y caías sobre mi cuerpo
como una manta que
arropa antes de dormir.
Me hiciste. Sí...me hiciste.

Sinestesia

Imágenes de colores nuevos por el paseo junto a la playa, deseo volar, volar hacia  el mar que hoy se parece al rosa de un cerdo muerto por la metadona.
Y me lanzo, subo hasta las nubes donde se desencadena una guerra de piratas psicodélicos por la conquista de las tierras azucaradas donde gobierna un soberano hecho de azufre, él es el Rey, el cabrón que baila con mi bella reina en un salón de caramelo mientras suena una composición escrita para una tal Elisa.
Del bolsillo del pantalón saco un tridente y apunto al corazón del ladrón de amantes que sostiene la mano de mi dama, sus lenguas de fuego queman mi piel y me arrastran hacia el mar donde sirenas pelirrojas acuden en mi rescate y con sus labios sanan las heridas de mi cuerpo ebrio de cielo envenenado.
Bajo el mar, entre la vida, manos saboreando cuerpos de ninfas, polvos mágicos a modo de carburante para Peter pan, lágrimas naranjas que resbalan de mis espejos y de las que nace una muchacha envuelta en libido.
La miro, me mira, sus ojos son de sangre verde y sus curvas de hada son hijas ilegítimas de tres chupitos de absenta que queman mi garganta en gemidos atrevidos mientras mi cuerpo se convulsiona y el placer de puertas a la vigilia despierta con golpes de dolor retorciendo mis oídos, arrugando los dibujos que decoran mi pupila.

Pum, pum, pum. Viento, cuerda, viento…encefalograma plano. No, hoy no, cierro los ojos pero la luz me traspasa, su calor entra por mis manos y oigo su fuego gritando como un ángel del infierno que acuna a un bebé muerto, manchado de hollín. La perfección me acaricia en la muerte y congela mi pecho con sus manos de aire y huracanes en mi sangre, abro los ojos por última vez y la veo, mi mirada en un cruce de su mirada. Abandono la vida sabiendo que he vuelto a nacer. Dios tiene curvas y desayuna LSD antes de ir a clase.

Vacío



No logro ser de tu voz el eco que me seduce en tu ausencia, ni ver las tardes llover en los cristales azules donde tú mirabas. Mientras yo, perdida, siendo gris recuerdo atrapaba tus rizos en memoria sobre tu antaño sepia. El tiempo efímero no nos dejó conocernos,  sólo amarnos.

No escogimos nada para tenerlo todo


“De otro modo no podría haber aceptado la vida, someterme a ella sin sentir la muerte en cada bocanada de aire que tomaba.” Pensaba en ello a menudo, cada vez que una despedida se acercaba o la duda llamaba a mi puerta e intentaba borrar los colores que el mundo me había regalado, los sonidos que yo unía y terminaban en lágrimas guardadas en fotografías para una exposición de sonrisas.
Me senté al final del patio de butacas, al lado del pasillo para poder salir a tiempo. Las luces se fueron apagando y el telón comenzó a subir, los murmullos cesaron y una corriente azul cruzó el escenario, la oscura noche escondía un manto blanco que hacía las veces de estrella única y fugaz. El público miraba sin perder detalle de cada escena, la plenitud anidaba en los corazones, el tiempo y la vida real ya no existían para nadie. Pero yo tenía frío mirando a la luna en el escenario, quería ser parte de los bailarines que danzaban a su alrededor y sentían el gélido fuego que aquella representación del satélite emanaba, mi cuerpo rogaba por la presencia de su luz sobre mi piel y me sentí encarcelada junto a aquella gente que se sentaba a mirar y no veían de verdad lo que había ante ellos. Me pregunté si me verían a mí en el escenario.
Al descanso me apresuré a la parte de atrás del escenario donde me encontré con mis compañeros, me desearon suerte para mi escena y me ayudaron con el vestuario y el attrezzo en general, fuera del escenario no éramos más que fantasmas, sombras de las emociones del pasado que canalizábamos y vivíamos con cada personaje, cada pieza que tocábamos, pergamino rasgado, tinta corrida, cada danza que terminaba con un golpe seco y muerto contra el suelo. No escogimos nada para tenerlo todo, nuestra vida de artistas eran esos momentos efímeros de plenitud.

Cerré los ojos y conté durante un minuto entero, relajé los músculos y nadé en mi interior en busca de aquello que necesitaba para aquel momento, sólo unas pocas emociones acompañadas de sus pensamientos, nada que pudiese distraerme. Me dejé caer, los focos me cegaron un segundo y comencé a bailar sobre las cuerdas que descendían conmigo, mi voz entonó un canto al olvido, y cada nota que subía me elevaba por encima del público que me miraba con devoción. Sentí el calor por mis venas, la sangre fluía como la vida y hervía de júbilo. Poco a poco fui perdiendo altura y descendía hacia la gente, iba a caer junto a ellos, la cuerda se detuvo y mi cabeza quedó a un metro del suelo, frente a mí una chica de ojos verdes y piel aceituna me miraba, clavando su pupila más allá de la mía, congelado los segundos, tiempo y espacio se diluían en el aire. Sus labios rojos se separaron y ella suspiró al tiempo que la cuerda volvía a subir, alejándome de aquel nuevo calor, desaparecí entre la oscuridad olvidando todo lo que ocurría a mi alrededor y creando una nueva melodía que me alejaba del mundo consciente y me sumía en un sueño con una sola imagen. Aquellos ojos verdes.