En otro tiempo hubiera sonado alguna canción del viejo espantapájaros pero en esta tarde con ella los besos sólo podrían ser de fresa, así que el pianista borracho no podrá herirme con sus bagatelas,
Llevamos largo rato mirándonos a los ojos sin decir nada. Le pido que cierre los ojos y ella lo hace.
Me acerco y deslizo mis dedos por su mentón, su piel es suave, puedo arrastrar su aroma en cada caricia. Me dejo envolver por su perfume hasta caer despistada en sus labios. Ella sonríe, yo beso su sonrisa.
Las mariposas muertas de mis entrañas parecen renacer y volar entre nuestros labios.
Me aparto poco a poco y ella abre los ojos, me mira, siempre me mira después de besarla, es mi castigo sostener la mirada por mi atrevimiento. Es dulce la tortura, tiene ojos de Sol. La ciudad atardece en su mirada, cuando caiga la noche la besaré de nuevo y ella se irá. Me tragaré las mariposas moribundas.
Sigue sonando el piano,sentada en un rincon reconozco las manos que acarician las teclas,y sueño despierta.
ResponderEliminarLas mariposas en el estomago se alborotan en el deseo,de las caricias que aun recuerdo.
Oigo su musica,y sueño.
Marta.L.