Imágenes de colores nuevos por el
paseo junto a la playa, deseo volar, volar hacia el mar que hoy se parece al rosa de un cerdo
muerto por la metadona.
Y me lanzo, subo hasta las nubes
donde se desencadena una guerra de piratas psicodélicos por la conquista de las
tierras azucaradas donde gobierna un soberano hecho de azufre, él es el Rey, el
cabrón que baila con mi bella reina en un salón de caramelo mientras suena una
composición escrita para una tal Elisa.
Del bolsillo del pantalón saco un
tridente y apunto al corazón del ladrón de amantes que sostiene la mano de mi
dama, sus lenguas de fuego queman mi piel y me arrastran hacia el mar donde
sirenas pelirrojas acuden en mi rescate y con sus labios sanan las heridas de
mi cuerpo ebrio de cielo envenenado.
Bajo el mar, entre la vida, manos
saboreando cuerpos de ninfas, polvos mágicos a modo de carburante para Peter
pan, lágrimas naranjas que resbalan de mis espejos y de las que nace una
muchacha envuelta en libido.
La miro, me mira, sus ojos son de
sangre verde y sus curvas de hada son hijas ilegítimas de tres chupitos de
absenta que queman mi garganta en gemidos atrevidos mientras mi cuerpo se
convulsiona y el placer de puertas a la vigilia despierta con golpes de dolor retorciendo
mis oídos, arrugando los dibujos que decoran mi pupila.
Pum, pum, pum. Viento, cuerda,
viento…encefalograma plano. No, hoy no, cierro los ojos pero la luz me
traspasa, su calor entra por mis manos y oigo su fuego gritando como un ángel
del infierno que acuna a un bebé muerto, manchado de hollín. La perfección me
acaricia en la muerte y congela mi pecho con sus manos de aire y huracanes en
mi sangre, abro los ojos por última vez y la veo, mi mirada en un cruce de su
mirada. Abandono la vida sabiendo que he vuelto a nacer. Dios tiene curvas y
desayuna LSD antes de ir a clase.
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