"Y estas calles rotas sin mí, se hacen al vacío."

viernes, 19 de diciembre de 2014

Para cuando no queden Musas.

Ya no esperarás que den las diez, no cogerás un tren urgente rumbo a ninguna parte para poder soñar.
Tus sombras quedarán atrás y ya no podrás bailar con ellas, escribir versos, llorar con besos, gritar sin miedo, gritar muerta de miedo...
Ya no esperarás un abrazo seguro, no dejarás que la lluvia te empape como antes, no bailarás si la luz está encendida, perderás la magia, perderás las letras y las puertas de tu mundo, poco a poco se irán cerrando para ti. Aprenderás a no aprender, te resignarás ante la realidad, se apagará tu luz, bajarás la tapa del piano y una última lágrima caerá en el medio tono en el que se detuvo tu vida.
Ya no esperarás eufórica que se abra la puerta, afuera haga frío y oigas la risa de tus amigos esperando por ti, ver sus rostros felices, ver los años pasar junto a ellos, no habrá esperanza ni desesperanza, ni sueños ni ilusiones.
Ya no esperarás el cigarro de después y usar paraguas tendrá sentido.

Para cuando no queden Musas, volverás a escuchar los pasos de aquellos que dejaste atrás y creyendo que ya no quedan lágrimas, romperás a llorar, romperás las barreras en las que te encerraron y las puertas de tu mundo se abrirán para ti, los acordes perfectos, los versos mágicos, las noches con luna, las medias lunas, los puntitos en el cielo que unías con el lápiz y se dibujaban quimeras, los gatos callejeros, los gatos de ojos verdes, los gatos tuertos, los dragones que nunca viste, la droga que nunca necesitaste y no necesitarás jamás, las carcajadas de tus amigos, las nubes con la cara de Michael Jackson, el olor de un nuevo amor, el olor de la hierba, el olor de la yerba, las noches de insomnio y los paseos sin fin.
Para cuando no queden Musas, vendrán todas las Musas a componerte de nuevo.


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Yo te quiero y eres mía

Me besa, tras un millar de labios compartidos y látigos de su lengua se llega al beso, a su beso. Ella mira mis labios y desata sus manos que se cuelan por mi ropa, me atrapa entre sus brazos, me hace a ella, caigo en ella una vez más y la pertenezco. Deja su firma con dientes en mi boca, con gemidos al arañar su espalda y susurrarle un "te quiero" ahogado, un sentimiento ardiendo.
 Yo te quiero y eres mía. Yo te quiero aunque me rompas, Yo te quiero y recojo los pedacitos que quedan tras la despedida. Yo te hice temblar, desaté el caos de tu cuerpo de hembra, te hice a base de caricias y heridas. Yo pagué las llagas de mis labios viendo tu rostro perdido en el placer de mi piel, yo dije tu nombre antes que el mío, yo vi tus ojos y memoricé su color, yo enlacé tu mano a la mía y apreté bien fuerte.
Yo te quiero y eres mía.

jueves, 21 de agosto de 2014

siempre vuelve.

Ante ti pongo un muro para que nada rompa mi silencio. No te escribo nunca porque para hablar de adicciones ya están los colgados y Bukowsky. No te llamaré pájaro azul, ni mi precioso cisne. Tú no me mostrarás a través de los ojos de un niño el espanto del océano. No habrá para ti unos últimos versos y nunca cesarás de causarme dolor cuando emerjan tus ausencias. Si no te escribo cuando te escribo es porque no conozco tus palabras, me encaro a tus besos y voy descubriendo tus misterios a medida que arrastro tu ropa al precipicio, que mis manos chocan lentamente con tu piel que tiene tacto de pétalo y desprende un perfume salvaje. Porque me ahogo al respirarte, porque  deseo cada uno de tus años convertido en polvo entre las sábanas.Y porque un poeta muerto aún tiene versos bajo la manga.

jueves, 24 de julio de 2014

Me verás marchar

Me verás marchar, tal vez te preguntes si volveré algún día, si volverán nuestros besos y si estas manos que te han acariciado entre lágrimas y alegrías, volverán con las huellas de otro rostro.
Me verás marchar y contendrás el aliento sin saber si mi último suspiro antes de liberarme de tus pupilas iba por ti, por el recuerdo, por la añoranza, por la ventana que se cierra o la puerta que se abre.
Me verás marchar, esconderé las lágrimas para que nadie pueda verlas y te ofreceré mi última sonrisa, te quedarás mi pasado y podrás pintarlo de mil colores, jugarás con él, lo expondrás en cristales mojados por la lluvia, dejarás que las gotas te hablen de otras emociones atrapadas en un solo instante y será tuyo y será un secreto.
Me verás marchar y a nadie hablarás de tu dolor ni yo de mi añoranza, seremos coraje y valentía, no le daremos un "no" por respuesta a la vida.
Me verás marchar y no sabrás si decir "adiós" o "hasta pronto" sin saber si es punto y aparte o punto y final. Con el corazón en la mano y calada de miedo hasta los huesos.
Yo me iré y tú me verás marchar.


viernes, 4 de julio de 2014

Neska

Gracias, gracias por haber compartido conmigo los casi trece años de tu vida, por dejarme llorar a tu lado, por tirarte del rabo sin que te enfadaras y por nunca llegar a morderme cuando me aproximaba de manera peligrosa a tu pan. Para mí siempre serás una hermana, a veces hacías de hermana mayor y otras de la pequeña. Gracias por enseñarme que un eructo en la cara también es una muestra de afecto, que los cojines se usan para esconder comida y todas, absolutamente todas las camas de la casa son tuyas, el sofá también es tuyo, los sillones son tuyos pero nos los cedías porque no te cabía el culo dentro. Sé que estés donde estés, estás bien. Sé que has sido muy feliz y eso me consuela, la casa se queda vacía sin ti, sin las bolas de pelo, los trozos de pan, los yogures tirados y mordidos, tu mantita. Se hace duro el llegar a casa y que no estés tirada en el salón moviendo el rabo para que fuéramos a saludarte, porque tú eras demasiado vaga para levantarte, el no oírte participando en las conversaciones, aportando tu opinión, tus dramas a media noche.
No temas Neska, nunca te vamos a olvidar, has sido y siempre serás nuestra loba medio oveja con orejas de conejo, la perra más lista del mundo y la más buena. Muchos tuvieron la suerte de conocerte y sé que también te tendrán en su recuerdo, porque cinco minutos contigo ya son suficientes para quererte.
Te quise Neska, te quiero y te querré.


lunes, 21 de abril de 2014

Por primera y última vez

Me senté a mirar donde ella estaba, sus ojos marrones se molestaban en mirar todo cuanto había a su alrededor, desde el café frío que bebía hasta mis manos nerviosas a escasos centímetros de su pelo preguntándose cuándo se atreverían a acariciarla. Cuánto tiempo más habría de pasar hasta llegar al beso…
Mi yo cobarde apartando la mirada y la triste sombra de un recuerdo mancillando un presente inexistente con la esperanza de alcanzarla de nuevo. Un vínculo roto entre dos corazones que llevaban años resistiéndose a dejar de latir. Todo en pausa porque una vez, al igual que mis manos ahora, mis labios fueron demasiado lentos y mi boca se inundaba con un pensamiento que jamás se hizo materia. Aborreciendo lo estático.
Nos destruíamos ante la ausencia de esas uñas clavándose en la espalda desnuda, entre los suspiros al mirarnos al vacío y los suicidios constantes al decirnos adiós una y otra vez. Sin ella en vez de con ella.
El anillo en mi dedo que ella desconoce.
Sería hermoso ahuyentar a esta gente que nos rodea, apagar lentamente el sol hasta quedar en la penumbra, encender  las cenizas y que resurja la llama, levantarla de su silla y sentarla en mi regazo, apartar el café que tanto tarda en beberse, apartar su pelo, que ella aparte el mío. Mirarla a los ojos sin miedo, decírselo, gritárselo en silencio cómo tantas veces cuando no era tan cobarde. Y una vez a solas y sin miedo…besarla, por primera y última vez. Que mis manos invadan su cuerpo sin tregua alguna, con la dulzura que conquista, la osadía que arrincona, el desafío que despierta el alma. Romper del todo esa tela magullada y raída, romperlo todo hasta estallar en llantos. Atrapar su cuello con mis manos, dejar su piel roja y ardiendo, enferma de mí.

Besarla por primera y última vez, levantarme y cerrar la puerta para siempre he irme. Por primera y última vez.

jueves, 20 de marzo de 2014

ARLYN

Me pregunta por qué he venido. Qué extraño, yo debería tener la respuesta. Pero ciertamente no la tengo, no tengo nada, mas que mis palabras hambrientas, mis manos nerviosas, mi yo dando tumbos por la sala, la gota de sudor que se precipita por mi nuca y recorre el interior de mi camisa, mis recuerdos…a decir verdad, aún tengo mis recuerdos y por todo aquel que me conoce es bien sabido que mis memorias tienen un gran valor. Pero...¿me conoce alguien?

Él suspira. Lo sé, estoy tardando demasiado en empezar a hablar, pero cómo explicar… tal es mi obsesión.
Carraspea, nos miramos. Sus ojos son azules, nunca me han gustado los ojos azules, son hermosos pero me hacen desconfiar y el hecho de que mi loquero tenga los ojos azules no me lo pone fácil.
-La echo de menos ¿sabe usted?- Parece asombrado por mi repentina verbalización.

-¿A quién?-Será posible- A ella, Doctor. ¿A quién sino?

Menudo idiota el hombre este, no debí venir. Me mira de arriba abajo, me está alterando más si cabe. Este tipo no termina de gustarme pero no tengo opción. Las noches de insomnio, las búsquedas entre las calles, los lugares que visito a diario, mi rutina despedazada por su ausencia.
Todo tiene que acabarse, o todo acabará conmigo.

-Doctor ¿Cuánto tiempo queda?-  Lo diré, de todos modos este hombre me conoce. Yo a él apenas pero estoy por jurar que él sabe de sobra quién soy y cuál es mi historia, al menos, sé que desea oírla.

-Todo el que necesite, pero cuanto antes empiece más fácil para ambos- Y sonríe, como si fuera divertido.

   -  Arlyn tiene los ojos verdes, bueno, a veces son marrones pero sólo cuando se enfada. También cambian, cuando está triste se vuelven azules. Ella siempre dice que es porque la   melancolía es azul. Me decía que cerrara los ojos y pensara en la palabra “melancolía” que vería las letras azules. Y es cierto ¿sabe usted? Pruebe, hágalo.  La melancolía es azul como sus ojos tristes…

Arlyn también dibuja y lo hace muy bien, pero no deja que nadie vea sus dibujos, dice que no son lo suficientemente buenos. Tonterías a mi parecer. A veces, para que se rabiara le cogía su carpeta de dibujos y me quedaba el que más me gustase, aún tengo la habitación llena de sus pinturas, huelen a ella…en verdad no, huelen a pintura pero a mí me gusta pensar que huelen a ella ¿Sabe usted? El olor se le quedaba impregnado en la piel y de su piel pasaba a mi cama. Aquellos sí que eran dulces sueños. Creo que me enamoré de ella, pero nunca se lo dije. De todos modos, seguro que ella estuvo enamorada de mí. Nunca lo hablamos, no hizo falta. Nadie la conocía tan bien como yo, sobre todo si estábamos a solas y se desvestía la vergüenza y el enredo. Arlyn no es una chica cualquiera, todo en ella roza el límite, todo es demasiado y nada es suficiente y nadie resiste a su belleza. Arlyn hacía del silencio la mejor melodía.
Su silencio eran nuestros labios y nuestras lenguas en un tira y afloja, un tango de rétame a suspirar primero. Y…

-Y..¿Y qué?-Me mira con curiosidad, hace calor y las paredes se derriten desde mis pupilas. Él me ofrece agua, la bebo atragantándome.

-No sé, realmente no sé nada. Creo que todo está en mi cabeza ¿Sabe usted? Pero no, usted no lo puede saber, nunca la ha visto. No sabe lo que es verla caminar, acercarse con sus pasos ligeros como si volara, su mirada al encontrarse con la mía, esa enorme sonrisa y ese abrazo aliento de la vida, respirar su perfume y que se me erice la piel, que me hable de Frida Kahlo y Diego Rivera y nos retrate de mil maneras soñadas y mil vividas. Que me tome de la mano para pasear por la playa. Desearla un lunes y repelerla el viernes. Que un sábado sin ella era un paraíso y el domingo en su ausencia el infierno. Y las discusiones terminadas en lágrimas dejaban mi corazón en banca rota.

 Es una enfermedad que empieza en la euforia y acaba devorándote los huesos.  A Arlyn no le gustaba verme fumar, pero en cambio le encantaba el sabor a cerveza de mis labios. A  mí me encantaba ella,  me hacía sentir como si yo fuera lo más fascinante del mundo. Se enamoraba de mis andares, de mis palabras saciadas por mi voz, de mi pelo revuelto y las camisas mal abrochadas. Me miraba con esos enormes luceros verdes y me hacía promesas imposibles entre callejones y gatos noctámbulos.

-Todo eso está muy bien, pero ¿Dónde está ella ahora?- Su pregunta me entierra en el abismo, ¿Dónde está Arlyn? ¿Acaso sé dónde está Arlyn?

-Doctor ¿es el tiempo quien responde a nuestras preguntas o nosotros respondemos al tiempo? Crecimos Doctor, los años se llevaron a Arlyn, las calles nuevas de la ciudad ajenas a nuestros besos, la tierra que cavamos para esconder nuestros recuerdos eternos tiene ahora un edificio,  las peleas en las avenidas , ella aporreando pianos y yo rasgando guitarras. Ni un triste violín guarda el eco de nuestra mejor orquesta.

-¿La ha vuelto a ver?- Parece conmovido, ¿acaso no rozo ya el patetismo?

-Todos los días Doctor. Pero con otra piel, otra luz en sus ojos y diferente aroma. Ya no es ligero su vuelo al andar, se ve que los años pesan y cambiamos de lenguas para hablarnos. Ella fue y ya no es. Y yo ya no soy en ella.

-¿Cambiaría algo?- Al principio no entendí esa pregunta.

-¿Cambiar, Doctor? No, nada. Ni una caricia, ni una lágrima. Ni que ella creciera y yo no. ¿Quién quiere la vida sin poder morir en ella? Yo no desde luego. Ella es mi preludio y la amaré hasta el epílogo.

Nos quedamos en silencio ambos, pensativos. Sé que en algún momento ella se acordará de mí, tal vez en este instante. Mientras pasea por el puerto o entra en una tienda de música. Tuvimos la eternidad en segundos. Me giro a mirar por la ventana, el cielo naranja muestra la ciudad atardeciendo. Hace un bonito día para pasear en bici. Desde aquí puedo ver la plaza en la que ella y yo solíamos robarnos el aliento.  Pero ya no está conmigo, desde la calle contigua ella ahora besa otros labios.

Sí, Arlyn besa otros labios y yo sonrío. 

sábado, 8 de marzo de 2014

gatos y cerezas.

Os voy a contar una historia, la historia de cómo una vez tuve a alguien. Ese alguien vivía en mis manos, bebía de mis lenguas y despertaba con mis suspiros. Las tardes las pasaba dando sorbos al café y recorriendo con sus dedos mi espalda, marcando cada imperfección con sus yemas. Las fijaba, las memorizaba y con una mueca de sus labios taladrando una sonrisa, las hacía hermosas. Cada imperfección mía, era el clímax de su arte.

Ella vivió en mí por un año sin separarse, no recuerdo ver llover ni anochecer ni una sola vez hasta que me dejó.  Si alguien se hubiera acercado preguntando la hora, mi respuesta habría sido “La hora más hermosa del día.” Lo diría desde sus ojos mirándome.  Tan pequeña, pequeña y frágil, como un hada albergando una única emoción.

Cuando ella vivía en mí  bebíamos cerveza y no nos valía cualquiera, hacía calor todos los días y mi aliento se llevaba mi carne hasta quedarme reducida a ella. Hubo música todos los días. Aporreábamos pianos y guitarras y yo siempre iba manchada de verdín.

La luna temblaba en el agua, pero para qué mirarla si ella vivía en mí.

Cuando ella vivía en mí las cerezas las tomábamos en la piel de la otra  y yo me hacía pequeña y ella cada vez más grande. Se sentaba en mi regazo y se enfadaba conmigo.  Pero bastaba con acercarme a su cuello y besar hasta que se fundieran los suspiros y jadeos y no hubiera añoranza que matara con su rudo sílex negro.


Cuando ella vivía en mí  yo tenía los ojos verdes y era amiga de todos los gatos.


martes, 4 de marzo de 2014

Ojos verdes.



Que no estás cuando se asoman los ojos verdes.
Y los luceros de la noche
emergen de tus caricias negadas,
amarradas a un sin fin de eternos suspiros
en sus labios de avellana y azúcar.

Y entre preguntas contestadas
en miradas cristalinas
dije su nombre y nadie entendió nada.
Tan sólo un vacío, algo torpe 
y sin medida anclado al primer beso.

Una caricia y una flor.
Un maremoto a media noche
cuando la luna se funde con las olas
y nacen sinsentidos de esos orgasmos
que desean oír mi nombre.

Y si no estás, no nazco.
Y si no respondes a mi abrazo,
esta burla del arte jamás ha existido.
Son las cuatro de la mañana
y te estoy pensando.

Pronto el mar
 recorrerá las calles
amaneciendo antes
que tú y que yo.
Y aquí te estoy pensando.

Ojos verdes, no te detengas.
No me pares cuando voy a ti
sin remedio. 

sábado, 15 de febrero de 2014

Cerveza de 3€, café para dos

Me gusta el papel manchado de café, los soles fríos que gotean de la cerveza y esparcen sus rayos por la mesa. Hubo soñadores como tú y como yo, pero  ninguno como tú y como yo...
Me gusta tu forma de cruzar las piernas, el anillo de otro en tu dedo. Me gusta que el pelo largo no te quede bien. Verte tocar la guitarra era mi descanso, porque odio los agudos si no eres tú quien los canta.
Y sé que si te pregunto, me dirás que todo el mundo es verde y yo te diré que vengas conmigo y juntas tomemos el largo camino a casa. Porque un día fuiste lo más hermoso, mi pieza de museo, mi historia narrada en tu mirada y tus celos, mi felicidad en calma cuando no sabía qué era pasar frío. Y desde que te fuiste ya nadie quiere desayunar conmigo, nadie se ríe cuando derramo el café. Estar triste no merece la pena si tus manos no están para trenzar mi pelo.
Ya no hay nadie diciéndome " y por favor, no llores." con los ojos cristalinos y la voz quebrada. Nadie rehúye de mis puñales sinceros llorando a través de la ventana, dejándome una espalda desnuda que acariciar, una nuca marcando dos puntos huesudos antes de proseguir la disputa. Nadie fantasea con mi pecho como lo hacías tú aquella primavera tras aquel invierno en el que descubrimos el frío y nuestra perdición la narraba Ángel González. Y por mucho tiempo, las noches de insomnio eran quimeras vomitando llamas en tu nombre.
Me gusta tu vestido azul, ver cómo te lo pones y te lo quitas mirándote desde la cama.


                                                                  Canción De Amiga

Nadie recuerda un invierno tan frío como éste.

Las calles de la ciudad son láminas de hielo.
Las ramas de los árboles están envueltas en fundas de hielo.
Las estrellas tan altas son destellos de hielo.

Helado está también mi corazón,
pero no fue en invierno.
Mi amiga,
mi dulce amiga,
aquella que me amaba,
me dice que ha dejado de quererme.

No recuerdo un invierno tan frío como éste.

                                                                Ángel González











domingo, 2 de febrero de 2014

Mediocridad

Los pensamientos se sucedían unos a otros.
De la A a la Z yo seguía siendo un minúsculo
pedacito de nada en mi reducido espacio
para provocar mini reacciones de nada.

Las noches de insomnio las decoraba
con cigarrillos y cuentos al piano.
Siempre fui mediocre, nunca me importó.
Me excusaba en la falta de sueño.

Aún cuando despierto
puedo oír a las musas
reírse de mí
dando saltos por la cama.


jueves, 30 de enero de 2014

De cuando yo le escribía cuentos a la Luna

Podemos caminar hacia las nubes. Prometo no dejarte caer. Por la noche veremos la Luna y subiremos tanto que siempre estará llena. Y cuando amanezca yo despertaré antes y te escribiré cuentos y así a la hora de dormir cuando ya hayamos subido escalando en las estrellas, te acostaré sobre una nube, te arroparé con su piel y te acariciaré el pelo. Entonces te contaré un cuento y tú dormirás feliz. Y yo dormiré feliz abrazada a ti, pensando en un cuento que contarte la noche siguiente.

 Y ella a veces me preguntaba: ¿Y qué piensas?


Pienso en todo y nada. Tengo la mente saturada de ideas soporíferas y deseos de volar tan infantiles que hasta veo el polvo de hada brillar dentro del cajón pidiendo que lo libere y vuele. Pienso en lugares lejanos, mi cabeza está en las nubes y son rosas y cálidas con aroma a noche estrellada y silencio. Pero mi cuerpo quiere viajar a un bosque y correr y que llueva mucho y empaparme, frío, escarcha en la piel, ir tan rápido que las gotas de lluvia sean cuchillas y así grite de furia y libertad.
Pienso en el amor y grito más fuerte. Ahora llueve por encima de las nubes, piso tierra y aire, me caigo al cielo, tropiezo con nada y me levanto en la tierra húmeda. Abrazo un árbol.

viernes, 17 de enero de 2014

Resaca.

Nada especial que decir, ni que escribir. Cuando la música suena soy otra. Tú transformas lo que tocas sin melodía alguna, tienes la magia de alguien mediocre, todos reconocemos la belleza en las cosas más simples.
Tan sólo un verso contigo y un cigarro que se consume en el cenicero, una fotografía que nadie vio.
Y ya tengo mono de lo que un día me diste. Sin destreza alguna dosificaste cada caricia y me las ibas dando en el momento justo, antes de que abriese los ojos y superase la belleza de la jaula que me apresaba y ocupaba mis segundos golpeando los barrotes, vibraban susurrando tu nombre. Y son las doce y diez de la noche, por lo pronto los bares están vacíos, oscuros como la calle y con suerte algo más cálidos. Alguien triste al fondo acaricia su guitarra y bebo cerveza. La vida es fácil y la gente se complica diciendo "I'm in love".
Pronto alguien  abrirá la puerta, y sin saber quiénes somos nos sonreiremos. Ya nadie recuerda esas caricias tan caras ni los besos quemados de tanto esperar. Eres de tacto etéreo y perfume fuerte. Las estrellas que hoy miramos ya están muertas. Pero no temas, nadie olvida su hermosura. Son preciosas en la distancia y el recuerdo.



viernes, 10 de enero de 2014

Luz

Todas las mañanas toca el piano, sus pequeñas manos alcanzan los acordes más dulces y juega con cada nota, tiene la carita manchada de chocolate, los ojos iluminados son un reflejo de ella misma, de su Luz, de ese verde que al mirar se hacen sonrisas mientras unas manos acarician su cabello. 
Y es llorona y risueña, tiene el poder de devolver a cualquiera la inocencia y enamorar cada instante a su lado, que no hay dolor si su pequeño cuerpo corre a abrazarte. Fueron días de peluches, de palabras nuevas y aromas vivos, de ella brillando en mi vida, coger mi corazón con sus pequeñas manitas y dibujar colores nuevos y esperanzas. Que un mundo cabe en un gesto de ella. Días de Luz.

"When did you touch my heart for first time?"