Pocas veces se ha escrito sobre ti. El paso de los años en un parpadeo, el beso de una niña intercambiando su piel con la mejilla que besa mientras las farolas se encienden y se apagan marcando el fin de un día, de otro, de meses, de años. Y la niña que besa desaparece en los labios de una mujer.
Y no hay otra forma de contar lo ocurrido, cómo el tiempo no pudo llevarse su recuerdo, cómo sin saber cómo las lágrimas se hicieron sonrisas. Cómo la espuma del mar que la cubría, ahora es la espuma de la cerveza que la embriaga. Cómo tras los años encuentro una melodía que me devuelve a ti sin lágrimas. Tan sólo presa de un recuerdo y un instante guardado en miradas infantiles y cuerdas para saltar, balones al aire en un patio de recreo, rodillas llenas de heridas y todos en fila para entrar a comer...las manos llenas de barro.
Y aquí nadie habla de lunas, ni soles, ni estrellas. Esto trata de tu simpleza, tu no entendimiento, tu mundo vulgar donde una roca es una roca y nadie se emociona cuando llueve. Donde nadie llora al final de una película y la gente que pinta cuadros sólo lo hacen para no pensar. Y el piano es un piano y no una llave al corazón. Y los "te quiero" están prohibidos. La eterna niña ya tiene labios de mujer y ha descubierto lo que es besar de verdad.
Por cierto: Te quiero.
Lo añoro.
Pero todo a mi manera, con esa extrañeza de descomponer los sentimientos. Los
cojo, como si de libros se trataran y los voy situando en un estante, los giro,
les doy la vuelta, me atrevo a cambiarles el nombre y si soy osada hasta el
significado. Todos y cada uno llevan su historia. Todos llevan mis ojos, a
veces verdes y otras marrones. No con todos me llevo bien, sé que están ahí, me
miran desde el estante donde los he situado, me retan a abandonarlos y saben
que si pudiese lo haría. Abriría la ventana y los lanzaría lejos con todas mis
fuerzas, tan lejos que no pudiesen volver…pero no puedo, son más fuertes que
yo, me conocen mejor que yo a ellos. A veces me pregunto si he sido yo quien los ha creado o por el contrario ellos me
crean a mí. ¿Ellos me forman? ¿Formo parte yo de ellos?
Lo peor
es cuando se pelean entre ellos, todo adquiere un tono de burla. Estoy yo
sentada mirando a la pared, escuchando esas voces en mi cabeza mientras vomito
muecas y gritan tanto que no puedo
entender a ninguno, surgen nuevos pensamientos.
Burla,
sarcasmo, ironía, terror, macabro, cerveza, amor, perfume, verde, tóxico,
Mozart, piano, Re Mayor, teatro, amistad, comida, chocolate, mar, macarrones…más
macarrones, nunca tengo suficientes macarrones. Queso.
Y se
detienen sin llegar a ningún
acuerdo. ¿Y ya está? Les pregunto. Los
odio a todos. No contestan. Nunca contestan, nunca contestas…Cabrones!
19 de
Septiembre de 2011. El día en el que tomé la decisión de la que más me enorgullezco.
Mucha
gente me pregunta que por qué soy vegetariana y sin cansarme de esa pregunta yo
suelto el rollo, si de verdad les interesa escuchar para mí es un placer contarlo.
Por lo general suelen rebatirme con argumentos pobres, sin base alguna y muchos
de ellos con malicia y burla…pobres.
Pero
hoy, pensando de nuevo el por qué soy vegetariana, a mi mente acudió otra
respuesta: Por amor. Sí, por amor, porque una vez ya sabes la verdad, eres
consciente de que realmente no se necesita la carne, no hay que matar para
vivir, se puede estar sano y perfectamente sano sin la carne, sin la agonía de
un animal, sin ser un cementerio. Porque amo la vida, porque respeto la vida.
No soy una amante de los animales, pero sé que sus vidas no me pertenecen, no
soy nadie para arrebatársela y menos de la manera en la que lo hace el ser
humano. Nos creemos los amos del mundo, seremos las criaturas más inteligentes
del planeta, pero con nuestros actos demostramos no tener corazón.
No soy
inferior ni superior a nadie. Mucha gente me responde que los animales están
para eso, que es su función, igual que el toro que está para que lo maten en la
plaza. Las plantas nos alimentan a nosotros y a los animales los cuales nos
sirven de alimento…¿Y nosotros? ¿Qué aportamos nosotros a este mundo? Guerras,
hambre, destrucción, contaminación, dolor…Somos el germen de este mundo. La
mujer no está para servir al hombre, el negro no está para servir al blanco,
los animales no están para servir al humano.
“La
compasión y el respeto por la vida, están por encima de las cuestiones
individuales de las costumbres, la conveniencia, la comodidad o la cocina.”
No voy
a envenenar mi cuerpo alimentándolo de la crueldad, de la ignorancia, de la
injusticia, del desprecio, del odio…de todos los atributos que envuelven el
mercado de la carne. No voy a alimentarme de la muerte de otra criatura por el
mero sabor. Porque sí, la carne está rica, pero es incomparable a saborear la
delicia de enorgullecerse de uno mismo.
"No me importa si un animal es capaz de razonar. Sólo
sé que es capaz de sufrir, y por ello lo considero mi prójimo.”
"Realmente el
hombre es el rey de las bestias, porque su brutalidad excede la de ellas. Vivimos
de la muerte de otros, somos como cementerios andantes".
"Me Niego A Digerir La Agonía."
Sé que no estoy exponiendo todas las razones por las cuales
no se debe comer carne y tan sólo menciono las emotivas, sinceramente porque
creo que cualquiera con interés podrá buscar información y descubrir la verdad
como hice yo. Antes estaba totalmente en contra de los vegetarianos pero teniendo
suficiente cabeza para escuchar y saber
apreciar una buena respuesta hasta acabar siendo yo misma vegetariana.
Y todo
lo sembrado ahora es un pantano seco, el aire se ondula formando navajas que
acuchillan tu garganta. Todo cuanto fuimos cae en el pozo del hastío, hastío de
tu ausencia y esos ojos verdes que al mirar reflejaban mi alma. Te asemejas a
un recuerdo llorado, al ojo de la tormenta, una pelota sin niño, una risa para
tapar el llanto. Y no te veo aunque te mire y no me oyes aunque te hable al
oído. Todo es lejano, se abraza el vaho.
Se escucha el piano de fondo, son esas tardes de café y sonrisas mientras ella escribe con su pluma. Tiene la mirada perdida, recuerda su infancia mientras da otro sorbo al café.
Siempre joven por muchos años que pasen, siempre valiente y resolutiva y tantas lágrimas de fuerza que cayeron por sus ojos de otoño.
El piano enternece su melodía. Piensa en su marido y en sus hijas, sus tres preciosas hijas y lo orgullosa que se siente de ellas, ya convertidas en adultas y en grandes mujeres que tienen su vida y un precioso camino que ella ha ido forjando para ellas.
Mira el mar, su mar de paseos y alegres mañanas, tardes melancólicas y fotografías que alumbran el recuerdo.
Siempre hermosa y sonriente, siempre artista y constante y tantas carcajadas con las que embellecer los días.
Las notas fluyen por el piano y se enredan entre sus manos y juegan a estremecer su piel, la acarician con ternura.
El mundo se enorgullece de ella.
Y son tardes de café para Marta, de poesía por las calles de Gijón. De mar, sol y lluvia. De su piel morena y sonrisa dulce, pensamiento alegre.
Y el mundo es de Marta y ella pinta un cuadro cada día en sus palabras para él.
Me tengo que poner guantes para escribirte, para que
tu calor no sea sólo sudor sobre mi piel cuando te balanceas por mi cuerpo y
ese aroma a fuego no se espante cuando las palabras ya no existan en tus labios
y te quedes muda y no me mires, cuando haya aprendido a acariciar guantes y no
tu piel que raspa de dulzura.
Esas despedidas
no me dañan cuando no te has dignado a besarme al entrar, estas palabras
no son para ti, son para ellos y más que nada y sobre todo estas palabras son
para ti. Para que las mires frustrada y no puedas entender nada, para que me
pienses desquiciada y busques y rebusques dentro de ti dónde yo pueda
encontrarme. Entonces mi nombre se te desborde por los muebles de tus huesos
donde guardas tus miedos y tus furias, tus deseos presos de culpa.
Entonces en un despiste de tu miedo me digas “aquí
estoy” y hayan pasado mil horas.
La tostadora salte y el desayuno esté listo. Y qué
pena que llegues justo para la cena. Este día sin ti ha sido un cuadro de
calaveras, de cadáveres exquisitos, de amarga retórica.
Me quitaré los guantes ahora que termino de
escribirte.
"Brindo por los años pasados, por el que tuve tu presente, porque embellezcas mi pasado y tal vez te reencuentre en un futuro. Porque en el presente no existes y no existe sin tu pasado. Porque sigas siendo y lo seas lejos de mí. Porque si vuelves seas tú de nuevo y no la sombra fea de quien conozco. Por ti, por mí. Por ninguna y las dos."
Me gusta que me abraces y sea tan perfecto y suave, que
lleve erotismo escondido a la vista y una inocencia en mis manos puestas en tu
espalda, un te quiero por todo tu cuerpo y ese beso en la mejilla que creas al
final.
Me gusta tu mirada asustada y fascinada cuando mis palabras
se hacen auténtica poesía al estar tú cerca, el decorado de la calle cuando
estoy contigo.
La lluvia romántica, el sol de madrugada…
Y suenan guitarras y pianos y tú y yo pertenecemos a los 70
y nuestras ropas se burlan de seguir puestas y que nunca nos hayamos desnudado
más allá de la mirada.
Me gusta que nos mintamos con la voz pero nunca con los
ojos, que me excite discutir contigo, que el veneno se haya ido y que tú ya no
seas mi dolor, que estés cerca y lejos, ser la dueña de tus mejores historias,
el secreto peor guardado.
Me gusta tu cuello, que nos miren escandalizados, morbosos,
envidiosos y que tengan razones para ello.
Me gusta que nuestras miradas sean un caos intenso, tan
seguro de retar y responder, sin miedo a esa pequeña gota de veneno, ese paseo
por el lado salvaje y todas las canciones que son nuestras.
Yo, tu Sputnik. Tú, mi amor. Yo, tu ángel. Tú, mi delito.
Me gusta que no pueda haber más y que no podamos ser menos,
que seamos las lágrimas en el paraíso del mejor guitarrista.
Lejos. Lejos. Cerca, con urgencia que no puedo más con la
añoranza. Qué simpleza adorna mis días vacíos de su aroma, de su pecho de
estrella. Se ha ido. ¿Pensará en mí? Camino mirando el suelo, escuchando algo
de jazz. Qué desperdicio de días sin ella. Vuelve a mí estrella. Miro el mar
sin olas. tiene una falsa calma, es un mar de aluminio, no suena su brisa, no
se respira la humedad, no luce el elemento. Y ella no está conmigo.
Todo se reduce a
comas y puntos. Todo es estático y frío. Sin ella todo pertenece a la nada. Y
sigo caminando, arrastro la melancolía cual perro viejo. Algo dentro de mí
despierta. Te veo. no, perdón. Te sueño porque no es real tanta belleza que ven
mis ojos. ¿Eres tú la que se acerca a lo lejos? Son tus andares, es tu mirada perdida,
es tu aroma y mi sonrisa que aparece al verte. Me acerco, ya tiemblo y eso es
buena señal, si fuera otra no temblaría.
Se acerca a mí y me mira. Dios mío me ahogo. Parece dudosa
pero no puedo soportarlo, soy arrastrada hacia sus brazos, pertenezco a sus
besos. Nos abrazamos con fuerza, noto su corazón golpear contra mi pecho, beso
su cuello, sus mejillas, su frente. Si no la amo ahora no le he amado nunca. Y
la amo, con la mayor intensidad. Ella se ruboriza y sonríe, le encantan mis
besos. Tengo sus labios rogando que los bese a un centímetro de mi boca. Qué
perfecta tortura el roce de sus labios, crea un dolor de museo, digno de exhibir
y ser reconocido en una galería de besos.
Me besa y me fallan
las piernas, mis manos temblorosas buscan su pecho, la conozco lo suficiente
como para saber que aunque lo niegue, le encanta que acaricie su cuerpo, que
busque colarme entre su ropa mientras nuestros labios se mezclan, y la saliva es
una sola, las lenguas interpretan un romance y hay gemidos y mordiscos. ¡Cuánto
deseo ansiando ser libre! Me muerde la oreja, el cuello...gemidos que van y
vienen, besos que caen por todas partes, caricias que buscan asegurar que es
real, que somos nosotras, la una en los brazos de la otra. Y otra vez se me
escapa decirle que la amo y al hacerlo siento mi corazón retorcerse y escupir
la sangre que ya no sabe a donde va. Me quemo en su piel, ella no dice
nada...me desespero por oír su voz. Quiero que me hable, que me mire. ¿Sentirá
lo mismo que yo? ¿Seré yo su amor? Escapamos hacia un lugar más íntimo. Ella me
susurra al oído que me quiere...muero, muero por todo. Yo susurro su nombre
mientras me cuelo entre sus piernas. Ella coge aire, me excita verle así y
procurando no hacerle daño voy metiendo mis dedos en su vagina, entro en ella y
no existe nada mejor que hacérselo, nada se compara a su aliento en mi cuello,
su cuerpo retorciéndose y yo notando en mi mano el calor de su entrepierna, el
placer de acariciar sus genitales.
La amo, ella no
sospecha hasta que punto. Ella no conoce ese amor. Sólo espero que si me deja
algún día, no me olvide. No olvide este amor que juntó nuestros destinos. Que
hizo mares con nuestras lágrimas, tormentas con las peleas y el arco-iris con
los besos. Que no hubo nada más sincero que nuestros besos a oscuras y los
cuerpos temblando. Que nunca se apague la estrella.
Sus orgasmos eran la mejor música, todo tenía un ritmo frenético, un compás binario, el suyo y el mío como una marcha que se mantenía en la misma velocidad. Su cuerpo eran las teclas de un piano y yo la virtuosa que sabía qué hacer en cada momento, tenía la mejor composición entre mis dedos. Las notas perfectas buscaban un final para una pieza culminante y con un redoble de mi lengua y su gemido final abandoné ese tesoro entre sus piernas y subí a besar su boca, a abrazarme a ella y dejar que ella me abrazase mientras su cuerpo aún se retorcía y golpeaba contra el mío. Le susurré cuánto la quería al oído y la apoyé contra mi pecho. Pensé en mi risa que había interrumpido su sueño.
Sal, no, espera, no te vayas. ¿pero de dónde has
salido? Puedes saltarte la parte morbosa…
Apareces, así sin más, te adueñas de mis
pensamientos, drogas mi cuerpo, calmas mi sed de tus palabras y me regalas tu
voz. Juega tu mirada con la mía que detiene el tiempo en un espasmo de tus
manos en mi cintura, te resbalas de mis besos. No te marches, que me rompo sin
ti. Eres horrible, te odio, sal, fuera, vete, parásito de mi cabeza sanguijuela
del corazón, me quitas el dolor, la cordura, eres mi sobredosis de fantasía, de
colores en el fuego de una bombilla sin luz. Un grito de caída en un pozo sin
retorno…pum pum pum, ay! ¿Así de fuertes son tus caricias? Qué horror, me
agotas, por tu culpa no duermo, haces que mis sueños vuelen y cuando me voy a
acostar no los encuentro en la almohada, les has dado unas alas tan grandes que
se han pasado de cielo y ya no regresan a mí. Pues si los quieres, son tuyos, a
cambio sólo quiero un reflejo de tu piel por las mañanas.
Duerme sonrisa dulce, que yo acamparé sobre tu lengua.
En otro tiempo hubiera sonado alguna canción del viejo espantapájaros pero en esta tarde con ella los besos sólo podrían ser de fresa, así que el pianista borracho no podrá herirme con sus bagatelas,
Llevamos largo rato mirándonos a los ojos sin decir nada. Le pido que cierre los ojos y ella lo hace.
Me acerco y deslizo mis dedos por su mentón, su piel es suave, puedo arrastrar su aroma en cada caricia. Me dejo envolver por su perfume hasta caer despistada en sus labios. Ella sonríe, yo beso su sonrisa.
Las mariposas muertas de mis entrañas parecen renacer y volar entre nuestros labios.
Me aparto poco a poco y ella abre los ojos, me mira, siempre me mira después de besarla, es mi castigo sostener la mirada por mi atrevimiento. Es dulce la tortura, tiene ojos de Sol. La ciudad atardece en su mirada, cuando caiga la noche la besaré de nuevo y ella se irá. Me tragaré las mariposas moribundas.
Imágenes de colores nuevos por el
paseo junto a la playa, deseo volar, volar hacia el mar que hoy se parece al rosa de un cerdo
muerto por la metadona.
Y me lanzo, subo hasta las nubes
donde se desencadena una guerra de piratas psicodélicos por la conquista de las
tierras azucaradas donde gobierna un soberano hecho de azufre, él es el Rey, el
cabrón que baila con mi bella reina en un salón de caramelo mientras suena una
composición escrita para una tal Elisa.
Del bolsillo del pantalón saco un
tridente y apunto al corazón del ladrón de amantes que sostiene la mano de mi
dama, sus lenguas de fuego queman mi piel y me arrastran hacia el mar donde
sirenas pelirrojas acuden en mi rescate y con sus labios sanan las heridas de
mi cuerpo ebrio de cielo envenenado.
Bajo el mar, entre la vida, manos
saboreando cuerpos de ninfas, polvos mágicos a modo de carburante para Peter
pan, lágrimas naranjas que resbalan de mis espejos y de las que nace una
muchacha envuelta en libido.
La miro, me mira, sus ojos son de
sangre verde y sus curvas de hada son hijas ilegítimas de tres chupitos de
absenta que queman mi garganta en gemidos atrevidos mientras mi cuerpo se
convulsiona y el placer de puertas a la vigilia despierta con golpes de dolor retorciendo
mis oídos, arrugando los dibujos que decoran mi pupila.
Pum, pum, pum. Viento, cuerda,
viento…encefalograma plano. No, hoy no, cierro los ojos pero la luz me
traspasa, su calor entra por mis manos y oigo su fuego gritando como un ángel
del infierno que acuna a un bebé muerto, manchado de hollín. La perfección me
acaricia en la muerte y congela mi pecho con sus manos de aire y huracanes en
mi sangre, abro los ojos por última vez y la veo, mi mirada en un cruce de su
mirada. Abandono la vida sabiendo que he vuelto a nacer. Dios tiene curvas y
desayuna LSD antes de ir a clase.
No logro ser de tu voz el eco que
me seduce en tu ausencia, ni ver las tardes llover en los cristales azules
donde tú mirabas. Mientras yo, perdida, siendo gris recuerdo atrapaba tus rizos
en memoria sobre tu antaño sepia. El tiempo efímero no nos dejó conocernos, sólo amarnos.
“De otro modo no podría haber aceptado la vida, someterme a ella sin sentir la muerte en cada bocanada de aire que tomaba.” Pensaba en ello a menudo, cada vez que una despedida se acercaba o la duda llamaba a mi puerta e intentaba borrar los colores que el mundo me había regalado, los sonidos que yo unía y terminaban en lágrimas guardadas en fotografías para una exposición de sonrisas. Me senté al final del patio de butacas, al lado del pasillo para poder salir a tiempo. Las luces se fueron apagando y el telón comenzó a subir, los murmullos cesaron y una corriente azul cruzó el escenario, la oscura noche escondía un manto blanco que hacía las veces de estrella única y fugaz. El público miraba sin perder detalle de cada escena, la plenitud anidaba en los corazones, el tiempo y la vida real ya no existían para nadie. Pero yo tenía frío mirando a la luna en el escenario, quería ser parte de los bailarines que danzaban a su alrededor y sentían el gélido fuego que aquella representación del satélite emanaba, mi cuerpo rogaba por la presencia de su luz sobre mi piel y me sentí encarcelada junto a aquella gente que se sentaba a mirar y no veían de verdad lo que había ante ellos. Me pregunté si me verían a mí en el escenario. Al descanso me apresuré a la parte de atrás del escenario donde me encontré con mis compañeros, me desearon suerte para mi escena y me ayudaron con el vestuario y el attrezzo en general, fuera del escenario no éramos más que fantasmas, sombras de las emociones del pasado que canalizábamos y vivíamos con cada personaje, cada pieza que tocábamos, pergamino rasgado, tinta corrida, cada danza que terminaba con un golpe seco y muerto contra el suelo. No escogimos nada para tenerlo todo, nuestra vida de artistas eran esos momentos efímeros de plenitud.
Cerré los ojos y conté durante un minuto entero, relajé los músculos y nadé en mi interior en busca de aquello que necesitaba para aquel momento, sólo unas pocas emociones acompañadas de sus pensamientos, nada que pudiese distraerme. Me dejé caer, los focos me cegaron un segundo y comencé a bailar sobre las cuerdas que descendían conmigo, mi voz entonó un canto al olvido, y cada nota que subía me elevaba por encima del público que me miraba con devoción. Sentí el calor por mis venas, la sangre fluía como la vida y hervía de júbilo. Poco a poco fui perdiendo altura y descendía hacia la gente, iba a caer junto a ellos, la cuerda se detuvo y mi cabeza quedó a un metro del suelo, frente a mí una chica de ojos verdes y piel aceituna me miraba, clavando su pupila más allá de la mía, congelado los segundos, tiempo y espacio se diluían en el aire. Sus labios rojos se separaron y ella suspiró al tiempo que la cuerda volvía a subir, alejándome de aquel nuevo calor, desaparecí entre la oscuridad olvidando todo lo que ocurría a mi alrededor y creando una nueva melodía que me alejaba del mundo consciente y me sumía en un sueño con una sola imagen. Aquellos ojos verdes.